El concepto completo de la enfermedad

Si forma y materialidad [Stoff] no fuesen una-fuera-de-otra [auseinander] y una-frente-a-otra [gegeneinander], no habría materia.

Materia es el concepto de la continuidad de forma y materialidad, cantidad, una igual que la otra [eins wie das andere], ilimitada, sin origen ni final. No hay sustancia* sin forma, de la misma manera que la forma, en cuanto a su contenido [inhaltlich], debe ser tomada por su parte como materialidad [Stoff]. El materialismo es el ser-uno-frente-a-otro [Gegeneinander] y el ser-uno-fuera-del-otro [Auseinander] entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, entre trabajo y modo de vida.

*Añadido (Huber, 2005): No se habla aquí del hypokeimenon aristotélico, sino de la identidad dialéctica hegeliana entre sustancia y sujeto = movimiento.

El concepto del ser-uno-junto-a-otro [Beieinander] y del ser-uno-para-lo-otro [Füreinander] es dialéctica y, en cualquier caso, no es materialismo, es decir: esto es, si lo es (concepto), materialismo dialéctico.

Hay materia sólo como cantidad, materialismo sólo como dialéctica, enfermedad sólo como vida del ser-unos-fuera-de-otros y ser-unos-contra-otros de la especie y los individuos singulares aislados. El concepto de la enfermedad es vida en su indivisibilidad, es individualidad viva.

Incluso el respectivo proceso de la enfermedad refleja lo específico de la especie [Gattungsspezifisches]. Es decir y así mismo, el modo explícito de surtir efecto de casi todas las especies de armas (Waffengattungen, término genérico para los tres ejércitos): el hacer incapaz para la lucha. Con eso la especie universal muerte individualiza la vida uniformemente rota. La gravitación general (fuerza de gravedad y mareo) retrotrae presión y empujón, lasitud [Abgeschlagenheit] y dolores en los miembros a la impenetrable unidad del abatimiento ("guerra bacteriológico-química") y opresión [Bedruecktsein] ("depresión"), si no al explosivo y detonante cambio repentino de tensión de la febril manía o catatonía.

Estremecimientos febriles de frío y calor representan la unidad de una vida envenenada por radiaciones o por lo que sea en su camino hacia el delirio y el coma.

Con respecto a la terapia no es diferente. Sugestión e hipnosis individuan las formas primordiales del universal de la especie, parecido a la naturaleza [naturhafte Gattungsallgemeinheit], tales como gravedad y calor, tanto como lo hacen los sedativos y las técnicas de hibernación (pérdida de tensión, latín: de-tonación y congelación), el choque terapéutico, la terapia de provocación, sea por la aplicación de sustancias (vacunación, terapias mediante pirifer y malaria) pirogénicas (que generan fiebre) como en el caso de síntomas de parálisis, o sea por medio de la tóxica y delirogénica sobredosis de medicación, por ejemplo en los casos de psicosis, neuralgias, epilepsias (mal caduco (derivado del latín: caer), morbus sacer: enfermedad sagrada con pesadez, mareo y tormentosos estremecimientos).

Especie dividida en sí misma o especie en relación consigo misma, por consiguiente Selbstbegattung (literalmente: autogeneración, autoapareamiento, autoprocreación de la especie), así llama Hegel a la enfermedad. Lo militar y lo médico siendo los proxenetas, debería añadirse. Y ciertamente, no sólo para completar.

Crear la individualidad colectiva viva -entendida siempre como indivisibilidad- sería la tarea de la especie humana que todavía no existe. A no ser en lo que fue alguna vez el programa comunista, comunismo programado ("un fantasma recorre ..."), a no ser como enfermedad comprendida en su concepto [als begriffene Krankheit], que está exteriorizando [entauessern] a esa autogeneración muerta y estéril como una fuerza explosiva [in Sprengkraft entaeussert], que son los más elementales sustitutos de la especie de la naturaleza sin vida, enmascarado por los diagnósticos médicos como síntomas, fenómenos y fantasmas y por sus terapias como reacciones y efectos secundarios ("reacción febril", "alucinación elemental", "sensación corporal de alienación", "dolor fantasma", etc.), y como tales reproducidos química, eléctrica y fotomecánicamente, con el objetivo de ofrecerlos (a estos substitutos) en ese estado (de agregación) de la materia [Aggregatzustand] a los privilegiados autores y administradores de una vida reducida a lo compacto y la compresión dentro de un circundante campo de mareo, de gravedad, de frío/calor y de muerte para su propio autoservicio [Selbstbegattung in Ueberzeugung, auto-apareamiento/auto-procreación de la especie por medio de la convicción procreadora (alemán: Ueberzeugung, doble sentido: 1. convicción, 2. sobre-procreación).

Es precisamente así: la especie [Gattung] –en francés espèce, también espèces: moneda en metálico, dinero en efectivo- está materializándose, está volviéndose una práctica en el caso de la especie humana sólo en la enfermedad, de hecho no del material del cual consiste la vida de los protozoos primordiales, por no hablar de la vida humana, sino como una representación de una pseudocorporalidad [Pseudokoerperlichkeit] inorgánica-general que se está levantando contra aquellos quienes, desde hace miles de años, han sabido sustituir la especie humana, que falta, por el sintético social que es el dinero, esa pseudoespiritualidad [Pseudo-Geistigkeit], sobre la cual ya puede leerse en los libros apócrifos, que reside detrás de la insignia del partido, el animal (toro, en alemán: Bulle, doble sentido: toro y polizonte), que todos aquellos, de quienes uno debe cuidarse, llevan escrito en su frente.

De tener nosotros un concepto de la enfermedad, bajo esta sospecha estuvimos sólo relativamente tarde. Aproximadamente cuatro meses antes de la autodisolución (retirada estratégica) del SPK, en ocasión de una discusión con los psiquiatras sociales de Heidelberg/Mannheim.

Nuestra sospecha de que la medicina, lejos de tener quizá otro diferente, no tenga ningún concepto de la enfermedad en absoluto, ha sido confirmada totalmente, aunque con asombro y a regañadientes por representantes de todas las disciplinas de la medicina, entre ellos catedráticos de universidad, aproximadamente una semana antes del origen público del Colectivo de Pacientes cuando, durante la "audición pública" ("Hearing") que ellos han organizado contra nosotros, han tenido que admitir públicamente, que lo que ellos certifican y tratan no es la enfermedad, sino la incapacidad laboral, que por consiguiente no ejercen en absoluto la medicina, sino se dedican más bien a algo así como un negocio de reparación de herramientas, y esto precisamente desde la mesa de sobreparto hasta la mesa de disección.

Aproximadamente cinco años antes, esta observación le granjeó a quien la presentó en forma de una pregunta, el título honorífico de "St. Just de la Psiquiatría" –con intención burlona por supuesto.

Pero también fuera de la psiquiatría, donde quiera que empresarios y tal se habían acercado a nosotros –sobre todo por teléfono– y donde los pacientes estaban pensando en voz alta, la enfermedad fue recordada antes de todo y encima de todo como trabajo. El resto tenía la apariencia de una mezcolanza variopinta de vocablos. Y enfermedad misma tuvo en primer y último lugar el carácter y la función de un extranjerismo [Fremdwortcharakter und Fremdwortfunktion].

Finalmente, durante el caliente invierno de la rebelión estudiantil de Heidelberg (1968/69), la facultad médica había enlazado en materia de la enfermedad al trabajo y la política por medio de un decreto de la facultad médica: principalmente la psiquiatría y médicos de familia de los estudiantes fueron convocados para escudriñar los registros de todos sus "pacientes de su propiedad" ["Patientengut"] en busca de rebeldes con un excesivo número de semestres cursados. Así, junto con el trabajo, ahora también la insurrección revolucionaria ocupó el lugar del concepto de la enfermedad que faltó y los rebeldes, bajo el pretexto de enfermedad, tenían que ser denunciados, seleccionados y detenidos para confinarles en manicomios y prisiones, pero en cualquier caso para hacerles desaparecer de la universidad. El soplo era un pleno acierto mortal, pero por exactamente esta razón fue saboteado tan radicalmente que sus autores prefirieron de momento la retirada a desmentidos.

De este modo el concepto de la enfermedad, en el cual no se estaba pensando durante todo aquello, comenzaba a llenarse con contenidos elemento a elemento mucho antes del origen público del SPK. Las ocasiones respectivas fueron parcialmente todo menos llamativas y más o menos comparables con las diarias "petits perceptions" (Leibniz). Así, por ejemplo, el primer centelleo respecto de la importancia de la alienación en relación con la enfermedad: la visita del médico jefe (de la policlínica), otoño del 67, discusión sobre un caso médico, una discusión de alto nivel científico. Jefe: "Me ha llamado la atención que usted menciona frecuentemente ‘experiencias de alienación’ [Entfremdungserlebnisse] –así pues, por favor, no es que usted esté equivocado, pero, ¿es alienación realmente un término psiquiátrico? Respuesta: "Experiencias de alienación, principalmente las así llamadas corporales, Jaspers las menciona en su ‘Psicopatología General’, bajo la rúbrica de fenómenos, además de Jaspers no tenemos nada hasta ahora. Por lo tanto, este término es un componente obligatorio de las herramientas diagnósticas". Jefe: "Sí, pero yo me refiero a la alienación, estrictamente alienación, esa no tiene su origen en la psiquiatría, ¿cierto?". Respuesta: "No, aquella es un concepto filosófico." (El Jefe parece claramente aliviado – ¿cómo diablos es eso?) - "Schopenhauer". Jefe, desconfiadamente: "Ya veo, ¿Schopenhauer?". Respuesta: "Ya en Hegel también." Jefe (ausente, distraído): "Ah sí, ah sí " (largo silencio, me mira de una manera penetrante – ¿qué diablo tiene éste?, estoy en lo correcto.) - "Pues bien, dejémoslo con Schopenhauer. Así pues filosofía. La necesitamos a menudo como una ciencia auxiliar. Está muy bien si uno sabe qué es qué; en psiquiatría no obstante uno debe delimitarse, limitarse a la disciplina." - (¿Respuesta? Ninguna más. Porque es bastante obvio: al haber escuchado alienación, él ha asociado Marx, es decir: comunismo. Hay algo de verdad en ello. ¡Así pues, mantén la boca cerrada, toma nota, recuérdalo y consúltalo!).

Al rato unos estudiantes repartieron una octavilla con el lema: "Reconoced al enemigo, conoceros a vosotros mismos, mil batallas sin derrota" e hicieron una llamada a los estudiantes para constituir un grupo de trabajo llamado "Psico".

Después de sólo algunas reuniones, el enemigo había sido reconocido y la derrota conjurada. Los iniciadores, seguramente por primera vez confrontados con la conciencia de la enfermedad y su propia implicación, olvidaron todas las intenciones audaces en materia de "trabajo de base" y "ayuda roja", convirtiéndose a sí mismos en psico-flipados y como tales a continuación hicieron videograbaciones, viajes de LSD y autoconcienciación, pero sobre todo se dedicaron a actividades de ‘pelotilleo’ al frecuentar y al hacer antesalas en empresas de servicios públicos, entre ellas no sólo de catedráticos.

Entonces, ¿enfermedad como anticorrosivo? En este caso el rascar es cosa de nunca acabar. Y cuando la herrumbre finalmente se ha vuelto roja, solamente se debe al hecho de que el concepto de la enfermedad tiene su origen en la carne y la sangre, exactamente y en todo caso en las propias carne y sangre. Precisamente la alienación, que de ningún modo debe ser siempre sólo aquella terapia que, como nazismo, promete salvar al mundo de la enfermedad a través del asesinato de sus portadores, –en el contexto de la enfermedad le gusta mostrarse humanitaria, razonable, ilustrada, comprensiva, racional, política hasta macropolítica, analítica de clases, antifascista, antirrevisionista, antiimperialista e ideológicamente crítica, y cuando no puede hacerlo de otra manera, incluso autocrítica hasta rompedora de la confesión y solitariamente heroica también.

Pero para conservar la apariencia de su propia salud y frescura mental, no ahorra esfuerzos ni gastos en vergüenza y sentimientos que, tomando a Marx literalmente, resultan hasta revolucionarios, y tomándole la palabra, resultan incluso revolucionarios adversamente al proletariado.

Pero de momento en aquella época de lo que se trató fue del arreglárselas con el leve asombro que la barrera social muy bien conocida por cada paciente, especialmente en relación con la "psique", se había cerrado una vez más. Solamente que en este caso uno no podía en absoluto achacarlo a la estupidez para explicar ese efecto. Al fin y al cabo ya fueron eruditos socialistas quienes retrocedieron espantados y horrorizados. No tanto ante los pacientes, sino ante la pretensión de que se apropiaran de su propia locura y deterioro, y esto precisamente en forma de una decisión política. Así, en la búsqueda de aliados internados, camaradas italianos han ocupado manicomios enteros y hecho la experiencia de que una parte constitutiva de la enfermedad es sobre todo la normalidad, la que les ha sido inculcada, la así-llamada personalidad, la cual les imposibilitó a todos ellos saltar sobre alguna que otra sombra.

No sólo que en todo esto enfermedad reflejó política y la cambió. No sólo que la activada conciencia de la enfermedad (conciencia de la enfermedad aquí hace referencia a la primera certeza formal de que la relación sujeto-objeto lleva en sí la enfermedad) convirtió indiferencia en enemistad. No sólo que las habituales recomendaciones, hechas al público en aras de la rehabilitación, de mostrar comprensión hacia pacientes, así como las recomendaciones hechas a los pacientes de esconder lo más posible su "estatus", y donde no sea posible, de pedir siempre con el sombrero en la mano un buen clima hacia él, han demostrado ser un solemne disparate o a lo sumo un modo de transferir las culpas (en alemán: Umschlags-Haefnerei, literalmente: trans-cargamento; aquí, se refiere al psiquiatra Haefner, Mannheim, y sus ocupaciones) a cargo de quienes fracasan en cumplir con todo esto.

La exigencia de apropiarse de la "propia" enfermedad implícitamente apuntaba a la política dominante de propiedad en el centro nervioso de la subjetividad, y al mismo tiempo implicaba al comunismo auténtico en el cual se trata en primer y último lugar de la apropiación y realización colectivas de las fuerzas humanas esenciales [menschliche Wesenskraefte], de la especie humana en su indivisibilidad-individualidad.

Todas estas impresiones han contribuido, ya durante estas fases preliminares, a desconfiar radicalmente de cada politización dirigida hacia una revolución que deliberadamente y explícitamente, pero ante todo con el pretexto de que habría asuntos de mayor importancia, y por supuesto bajo el pretexto de la politización misma, excluye enfermedad de la práctica y la teoría dándoles a los afectados una palmada en el hombro.

En los liberados locales del posterior SPK, inicialmente (marzo '70) la cuestión consistió o en profundizar la "línea antiautoritaria" o en promover la "reconstrucción de la organización del proletariado". Todos los textos accesibles sobre anarquismo por un lado y sobre comunismo de partido por el otro, así como sobre psicología que fuese, al menos a modo de prueba, materialista o política, y también sobre esbozos estratégicos, todos fueron puestos a discusión donde quiera que surgiera la necesidad y que fuese posible y deseado en la situación dada del lento desarrollo de la conciencia colectiva.

Había unanimidad sobre que el dominio y el comportamiento autoritario, como institución y como actualidad, no tenían ningún sitio alrededor de la enfermedad. Estaba claro también que el anarquismo, por ser histórica y metodológicamente un movimiento extremadamente inconsistente en teoría y práctica, no podía llegar hasta las raíces de la enfermedad, ni mucho menos en vista de la dialéctica de la reproducción de la enfermedad en el proceso revolucionario. Sobre este asunto volveremos más adelante.

Por el contrario, la teoría y práctica coherentes del movimiento obrero orientado hacia la revolución, con su diferencia entre trabajo asalariado y capital, entre proletariado y burguesía, diferencia que el movimiento obrero siempre declaraba como "contradicción fundamental y principal" (al respecto Marx había sido comparativamente cauteloso: en el sistema capitalista, tanto los trabajadores asalariados como los capitalistas son capitalistas, que tienen que vender y capitalizar mercancías. El hecho de que siempre sea la misma gente e incluso la mayoría la que lleva la peor parte, puede y debe conducir a la revolución. Que eso sea un de obligado cumplimiento, es decir que estrictamente y en toda fase tenga que ser esta contradicción, ¿dónde está escrito eso?), tenía seguramente suficiente envergadura y alcance [Spannweite] en los comienzos del capitalismo sistemático como para incorporar en el proceso revolucionario a la miseria social producida en aquel entonces.

Para nosotros y en vista de las condiciones y circunstancias de aquí y ahora –creciente tasa de ganancia, guerras imperialistas alias "economía de libre mercado", "crecimiento sano" por un lado y por el otro asesinato y matanza (fría guerra civil dirigida desde arriba, violencia [Gewaltfoermigkeit]), tasa de suicidio creciente, en total: creciente tendencia a la automedicación incluyendo las 98-100% adicciones refractarias a la terapia, creciente transformación del alguna vez vehemente peleado sistema del bienestar y sistema de sanidad en instrumento de tortura, disciplinamiento y abobamiento contra la clase obrera crecientemente mutilada orientada por el concepto del trabajo asalariado, por todo esto y en toda la línea- para nosotros desde el punto de vista específico de la conciencia de la enfermedad desarrollada hasta ese momento y no en último lugar en vista del hecho de que nosotros en los locales liberados dependíamos de menos que nada, quiere decir, menos es más, es decir que dependíamos de nuestras propias fuerzas, para nosotros la identidad de la contradicción entre el trabajo asalariado y el capital resultaba, por delante y por detrás, algunos números demasiado pequeños.

A todo eso se añadía la impresión preconceptual de que el capitalismo, aquí en nuestro entorno alemán, después de la capitalización de todas las condiciones de vida de los campesinos y obreros, no se ha detenido ante la mercancía fuerza de trabajo, sino que desde hace mucho ha tomado y abonado en cuenta [verrechnen] la misma substancia inalienable e invendible [unveraeusserlich] de esa mercancía, la cual frecuentemente se entiende como cuerpo [Leib], así pues, para usar una metáfora de la física, la energía como base de la capacidad de trabajar, para sacar ganancia de ella perforando y taladrando en busca de enfermedad como en otras partes lo hace buscando petróleo.

Por lo tanto, la ley del valor [Wertgesetz], entre otras, ya no tiene únicamente la forma de una transformación equivalente en la relación recíproca [Wechselverhaeltnis] entre los medios de producción y el producto, sino que cada producto, expropiado en el proceso de explotación, está "enriquecido" con, por no decir: recargado imponderablemente [cf. Imponderabilien] de un factor-de-valor X de la enfermedad generada durante su producción, y este factor-de-valor X es consumido y extraído de la "sustancia" y ordeñado por el sistema médico.

No es que esta experiencia empírica, como ya dicho, hubiese sido necesaria para la sistematización del concepto de la enfermedad. Ha pasado y entrado de todos modos en numerosos de los textos [Infos] escritos colectivamente y a continuación lo ponía a la izquierda ortodoxa como al toro delante del capote, y sólo por esta razón ésta podía ser atraída, hacia el camino tortuoso de la emoción, la discusión comprometida y la descompensación teniendo un presentimiento de ser ella misma propensa a la enfermedad.

La identidad de enfermedad y capital, que contraponemos a la fórmula de trabajo asalariado y capital, fue el segundo paso en el camino a la comprensión conceptual de la conciencia de la enfermedad. El primer paso, la identidad negativa de enfermedad y trabajo (cf. "certificado de incapacidad laboral"), ya había aproximado el trabajo asalariado a la alienación, aunque sólo se apoyase en impresiones como "carácter de extranjerismo"* ["Fremdwortcharakter"] y medio de pago: certificado de "enfermedad", es decir, certificado de incapacidad laboral.

* "Carácter de extranjerismo": Enfermedad como una unidad de laboratorio y labor = trabajo en latín; sería darle demasiado honor a la medicina concederle poseer un concepto de la enfermedad en la forma de un concepto de laboratorio, o reprocharle no tener ningún concepto de enfermedad sino un concepto de laboratorio. Las técnicas de laboratorio son sólo una de las variables al servicio de la virulencia (nocividad) de aquella enfermedad que representa la medicina en su totalidad (de lo contrario ella sería revolucionaria).

Como la enfermedad y el trabajo, en la realidad engañosa (capitalista), son el uno al otro como fuego y agua al estar enfermo quien no trabaja y trabaja quien no está enfermo, pero en el sujeto el trabajo está recordado [er-innert] e interiorizado en la enfermedad hasta el punto de manifestarse como "trabajo de la delusión" ["Wahnarbeit"] en las así llamadas psicosis endógenas y la enfermedad está programada de la misma manera en el trabajo, tanto la prestación por enfermedad como el salario corresponden solamente al mantenimiento de la mercancía fuerza de trabajo y a los gastos para su reproducción, así sólo ambos componentes, trabajo asalariado y alienación, tenían que ser relacionados el uno con el otro, mientras la enfermedad se sustrae a esta comprensión.

La conclusión de este reflejo [Spiegelung] de la enfermedad en la conciencia tenía que ser precisada en el sentido de que la enfermedad por un lado y el trabajo alienado, es decir, trabajo y alienación, por el otro lado, representan ambos un momento del concepto (de la enfermedad), precisamente el de la diferencia o más precisamente: el de la identidad negativa.

Pero esto significaba al mismo tiempo que la enfermedad podía ser comprendida directamente sólo desde el capitalismo, y que esto tenía que ser el momento de la identidad, porque el concepto contiene, aparte del momento de la diferencia, solamente el de la identidad.

Pero si enfermedad es el constituyente negativo del trabajo alienado opuesto a la positividad de enfermedad y capital, entonces enfermedad y capital son el momento de la contradicción (antagonista) opuesto al momento del trabajo alienado.

Hay que mantenerlos separados en el análisis, pero se debe vincularlos en la práctica apropiada que hay que hallar para resolverlos.

Hasta esta etapa el concepto de la enfermedad estaba reflejado en marzo de 1970. De este reflejo, en general y en razón de los intereses actuales, solamente las consecuencias para la línea a seguir y los efectos sobre la concepción del colectivo mismo fueron articulados y discutidos.

La enfermedad iba a convertirse en la categoría central de identificación para todos y respecto a todo. Del anarquismo iba a tomarse el principio organizativo "de la periferia hacia el centro, de la base hacia la cúspide", lo cual por ejemplo significaba: avanzar en la "terapia" (ahora agitación) por medio de una comprensión tan extensa como fuera posible de la sistemática del capitalismo en la cabeza ("periferia") hacia la enfermedad misma ("centro"), o -otro ejemplo- contactar con otras organizaciones y movimientos solamente por la vía de su base para activar las conciencias de la enfermedad y conducirlas sin rupturas hacia la cúspide organizativa (evitando así tanto entrismo como división en facciones).

Por lo demás, para nosotros se trató de determinar qué debía ser definido (definición como des-limitación, Ent-grenzung), no en relación con la "esfera de producción", sino de anteponerle a ésta primero y por encima de aquella, en razón de su identidad solamente negativa con la enfermedad, sus más típicas naves de fábrica como son el sistema de sanidad, el complejo médico-militar y en especial los manicomios como la base y el punto central de referencia ("proletariado bajo la determinación enfermedad").

En esta etapa de la conciencia de la enfermedad, el nombre escogido: "colectivo de pacientes" ya no fue solamente programa, sino más bien fue un catalizador que convirtió en todo lo contrario a la "enfermedad consuntiva" ["Schwindsucht"] que nos desearon nuestros enemigos.

Respecto a ese momento de la identidad entre los componentes enfermedad y capital en el concepto de la enfermedad existen esporádicas declaraciones colectivas en el contexto de las actividades del SPK, desde el final del verano de 1970, tales como por ejemplo:

"Abolición de las diferencias específicas sexuales y de género"

"Enfermedad: vida rota en sí misma"

"Kilogramómetro, calorías, unidades tóxicas – violencia de la naturaleza potenciada ..."

"Enfermedad prepara precisamente el explosivo para hacer volar este sistema del cual ella procede"

"Enfermedad es la línea a seguir por las masas"

Así se trataba del proceso de la especie, de la relación entre la enfermedad y la especie en su universalidad [Gattungsallgemeinheit], la violencia inorgánica y la individualidad viva, es decir: la indivisibilidad del "ser humano social en una sociedad humana" ["des gesellschaftlichen Menschen in einer menschlichen Gesellschaft" (Marx)].

Mientras la identidad negativa de trabajo asalariado y enfermedad era evidente en los fetiches de la alienación como son el certificado de enfermedad y el laboratorio, la unidad de enfermedad y capital tenía que ser deducida y hecha accesible desde el concepto de valor de Marx y desde la teoría de la enfermedad de Hegel.

Así: el proceso autoacumulativo del capital* (plusvalía engendra capital, el dinero trabaja, dinero -> dinero’ = D (dinero) -> D’ (más dinero) *, [Geld – Geld Strich – Fetischlein deck dich, deletreado en alemán, parafraseando una leyenda de Grimm: "Mesa, ponte" => ponte, pequeño fetiche] y el autoapareamiento/autoengendramiento**, en el sentido de Hegel [Selbstbegattung), del proceso de la enfermedad (la enfermedad no tiene a la salud, sino a la vida como su contra"parte"; enfermedad es el proceso de particularización, de desmembramiento del singular -c.f. lasitud [Abgeschlagenheit] y dolores de los miembros, incoherencia etc.- y el proceso de las abstractas totalidades y mediaciones, estando "recordadas" [erinnert] e interiorizadas en el proceso de la enfermedad, de las abstractas totalidades y mediaciones en el uno-fuera-del-otro [Auseinander] y uno-contra-el-otro [Gegeneinander] del mundo inorgánico, tales como gravedad, temperatura, alteración tóxica y eléctrica, brevemente: la mecánica y el quimismo como "medios" abstractos [abstrakte Mitten] recogen y unen [auffangen] los efectos del desmembramiento y los impulsan hasta la crisis y aún más allá de ella).

*Plusmacherei, crear plusvalor (Karl Marx). Nota bene: sólo organismos y máquinas son capaces de trabajar; ¿o ha visto usted alguna vez una moneda como tal trabajando?

** Enzyklopaedie der philosophischen Wissenschaften, § 371ff, Enciclopedia de las ciencias filosóficas, § 371 y siguientes.

Valor exteriorizado por fuerza y violencia interiorizada por el poder médico, alienada contra cualquier especificidad vital y de los géneros [Lebens- und Geschlechtsspezifitaet], ya sea tan primordial que sea: este es el contenido del proceso de la especie, reducido a su núcleo esencial en la humanidad existente (o mejor:), organismos de la humanidad como existen en el presente.

O dicho de una manera más prolija: enfermedad es, en su núcleo, violencia actuando como sustituto (esencia sustitutiva) del proceso de la especie que tiene que individualizarse a favor de la sociedad en su conjunto, siendo urgentemente necesario en la historia presente y futura [Substitut (Ersatzessenz) des gesamtgesellschaftlich zu individuierenden, geschichtlich dringend gebotenen Gattungsprozesses], ya que este proceso (de la especie) ha sido apartado al carril contrario por la básica y principal regla del "trafico" de la cultura y acumulación capitalistas, el autoapareamiento (proceso del capital).

En esta agudización el momento de la unidad esencial de enfermedad y capital se convierte en el extremo de su identidad abstracta, frente a la cual la negatividad de trabajo asalariado y enfermedad –para la cual está la expresión alienación– solamente es un espejo reflector [Widerschein], un reflejo, una reflexión [c.f. Spiegelbild, Widerspiegelung], que tiene su base material en el catalizador universal y pseudo-catalizador de la sintética (artificial) (Sohn-Rethel) sociedad de intercambio de mercancías, a saber, en el dinero.

La enfermedad, por el contrario, tiene su historia en la materia misma, precisamente por ser violencia sólo en relación con la explosividad en la cual la materia tiene su origen y en la cual desemboca ya agudamente hirviendo o crónicamente pudriéndose. (De lo cual proviene, según el lenguaje popular, de que los animales y plantas afectados por enfermedad, en general, sólo decaen y perecen [eingehen und verenden], mientras que bombas, gente, granadas y cosas semejantes, revientan y palman [krepieren]. La enfermedad de los animales ya ha dejado tras de sí su proceso de la especie, que en principio ha terminado. Reventar y palmar hace aquello que tiene el proceso de la especie dentro de sí – como la materia – o todavía delante de sí – como el ser humano.)

En el proceso concreto de la enfermedad del singular y aislado el resultado de la materialidad del autoapareamiento y la realidad de la alienación no es violencia, sino violencia alienada, la cual tiene su barrera en el ciclo de la unidad de productor y producto (también llamada cosificación [Verdinglichung]), tiembla en sí misma (Hegel), sigue siendo eco, sigue siendo sin poder, y apagándose y sin convertirse en ningún caso en el momento agitador [erschuettern], impulsor [sollizitierend (antreibend)] del proceso de la especie.

En el grupo basado en la enfermedad, por el contrario, el potencial de violencia es exteriorizado inmediatamente desde el comienzo: "Nosotros hablamos de la enfermedad sólo en términos de violencia y contra–violencia", en esta abreviatura –por no decir, sucintamente- el Frente de Pacientes, meses después de la autodisolución del SPK, aunque sin llevar adelante el concepto de la enfermedad, ha recuperado el momento central de la práctica de su prehistoria (historia pre-conceptual). Porque ya aquella primera forma de exteriorización había roto y hecho volar la barrera de la alienación, convirtiéndose en una expansiva frontera abierta contra la violencia alienada institucionalizada y aquella forma de exteriorización por su parte no podía ser institucionalizada, y eso siempre significa: no podía ser comprimida y suprimida en la forma de una mercancía. Ni en los comienzos, ni en la cárcel, ni siquiera por la prensa ni por la corte – tal como uno puede recordarlo.

Lo que en 1964 bajo el apodo de "Saint-Just" fue puesto en circulación y encima del cual en 1972 fue pegado otro, por así decirlo, cambiando la etiqueta en "Marat", no podía llegar a ser así ninguna mercancía, ni una farsa de pacotilla [Schmierenstueck] ni un cuento chino [Raeuberpistole]. En vez de eso, estaba la violencia alienada procesando a sí misma durante meses y años en un proceso judicial fantasma [Gespensterprozess] ante vacíos banquillos de los acusados y de los abogados defensores (teatro-de-agentes-anticorrosivos-y-de-protección-de-la seguridad-del-Estado).

Así que ha fracasado totalmente la violencia atomizante y aislante del aislamiento celular bajo la violencia silenciosamente apagada [Nichts mit Ver-Einzellen-der Entfremdung unter still versandelnder Gewalt], tal como está previsto para el curso de la enfermedad programado médicamente; en vez de eso, eran los contextos de la alienación los que estaban apagándose en la ruptura de su división original [Entfremdungszusammenhaenge im Bruch ihrer Ur-teilung versandend] y la fuerza ofensiva del colectivo se concretó en primer lugar y justamente por la individuación de la exteriorización de los efectos colectivos, revolución en enfermedad, pacientes revolucionarios.

Al acto de convertir la enfermedad en un diferencial, en un infinitesimal de la especie (violencia externalizada) pertenece por supuesto también el aumento exponencial del colectivo en constantes estrecheces [in konstanter Enge] con el resultado: vibración resonante debido a una creciente densidad de agitación, en vez de temblar en sí mismo. Y allí donde los sistemas de comunicación dominantes enmascaran el aislamiento y la atomización, para reforzarlos en el proceso de autoapareamiento, como por ejemplo, "alucinaciones y sensaciones elementales", "pensamientos sugestivos e ideas delirantes en el contexto de síndromes paranoides", etc., y para falsificarlos científicamente como crisis de identidad, allí los circuitos oscilantes electroacústicos, fotoestimuladores y catalizadores bioquímicos son medios de transporte de fácil manejo que convierten el síndrome paranoide, más allá de la exteriorización y de la alienación, en un enemigo [das paranoide Syndrom ... zu verfeinden].

Con esto, el concepto de la enfermedad ha sido esencializado y condensado [zurueckgefuehrt] en sus cinco elementos esenciales:

En el trabajo asalariado y la alienación por un lado, es decir: en el momento realidad, en términos de la dialéctica: diferencia,

en el momento: pacientes revolucionarios, expresado en términos de la dialéctica: proceso,

y en el capital y la especie por otra parte, es decir: en el momento de la materialidad, en términos de la dialéctica: identidad.

Quien sabe que el concepto por su parte es un momento en la dialéctica concepto–división primordial [Urteil]-conclusión, sabe también cómo sigue. Así, por ejemplo un momento de la división primordial estaba anticipadamente contenido en las experiencias alrededor de los eventos arriba mencionados como "grupo de trabajo Psique", un elemento de la conclusión estaba contenido en los eventos alrededor de la autodisolución del SPK. En aquellos: el anuncio del proceso de fundamental enemistad [Verfeindung] (expresión para la política), en éstos: la comunidad de la revolución por medio de y basada en la enfermedad.

Esquematizado conforme con el concepto:

Capitalismo

Autoapareamiento

Pacientes revolucionarios

Alienación

Trabajo asalariado,

enfermedad como función del capital es reflexión idéntica, a saber: destructividad convirtiéndose en plusvalía [sich verwertende Destruktivitaet],

como función de la especie es relación idéntica, es decir: autodestrucción (ejemplarmente suicidio y asesinato respectivamente), por medio de la cual la destructividad general que está presupuesta como capital llega a su resultado, su expresión "individual" (autoapareamiento),

como función de la alienación es reflejo en la diferencia, es decir: el dominio del producto –elevado a una potencia- sobre el productor, reflejado como violencia alienada sobre la particularización y descomposición en la enfermedad,

como trabajo asalariado, es relación negativa, relación en la diferencia, es decir: relación de exclusión recíproca entre enfermedad y trabajo asalariado.

Apéndice (Conclusión y revisión)

El concepto de la enfermedad se originó y se desarrolló esencialmente a partir de la experiencia inmediata del trabajo asalariado alienado, porque fue posible romper la falsa conciencia siguiendo el hilo conductor y el núcleo de cristalización: la dialéctica.

Para suponer que en el sistema de explotación del trabajo alienado cada uno está enfermo, bastan ya unas pocas nociones básicas de fisiología laboral comparada. Es bien sabido que el organismo humano, en el nivel de recolectores y cazadores, está expuesto a esfuerzos enormes. Pero esto era así sólo durante una cuarta o una tercera parte del año. El resto es ocupación, es decir actividad creativa dentro de la indivisible totalidad de vida de las relaciones sociales, sin las cuales el organismo humano no puede existir, y de las cuales el ser humano singular sabe que sin él a estas relaciones sociales les falta algo.

Por el contrario, el esclavo asalariado, sin contar los días libres y las vacaciones, está expuesto a esfuerzos al menos durante la mitad hasta tres cuartas partes del año, que le hacen envejecer y abobarse prematuramente, aparte y mas allá de los efectos comparativamente naturales del desgaste y deterioro.

Y la totalidad de vida en la cual podría recuperarse y regenerarse, no existe. Ésta forma parte integral del año laboral.

También es sabido que un análisis del carácter (W. Reich) consecuentemente llevado a cabo, cuyo propósito, sin consideración de las inculcadas reacciones de comportamiento del paciente, consiste exclusivamente en disolver neuroticismos en forma de tensiones musculares ("coraza del carácter"), está incrementando la capacidad de rendir con eficiencia productiva, así como el interés y la motivación del comportamiento hasta una intensidad nunca antes alcanzada. Sólo que en este "cambio esencial del carácter" prepondera el componente creativo hasta tal punto de que todo encadenamiento a un proceso laboral preprogramado y regulado, a tediosas actividades y a la socialización parcial [Teil-Sozietaet], ya no parece posible a la larga, por más que se quisiera.

Bajo las condiciones dominantes, lo que quiere decir aquí entre nada más que enfermos, quien ha sido curado de este modo no es capaz de vivir, más bien se ha vuelto un curado mortalmente enfermo, viviendo entre gente incurablemente "saludable", alguien que actúa conducido por sus impulsos, un compulsivo sexual ["Triebtaeter"] en el sentido original de esa palabra. Según la argumentación de W. Reich, o él es asesinado de una u otra forma o desarrollará una devoción y apego por ese tipo de "terapia", que parece capaz de darle precisamente aquella enfermedad que encaja con él, una enfermedad que encaja ante todo con la enfermedad de su entorno, ya sea el alcoholismo. (Lo que ahora está siendo desenterrado nuevamente bajo la etiqueta "sofrología", es un análisis del carácter en extrema dilución, por así decirlo: una homeopatía espiritual, así una "solución" intermedia ["Kompromiss"]. Es previsible que esta redundará sobre todo en provecho de las fuerzas reaccionarias, en todo caso no en la línea del progreso revolucionario).

Él pagará gustosamente el precio y el tributo del progreso – y de su supuesta curación incluso en forma de enfermedades de larga duración- ya de antemano, especialmente sabiéndose perteneciente a las personas con altos ingresos. En la alienación está nuevamente como en su casa.

Para los comienzos de la autoorganización de los pacientes estas impresiones de segunda mano tenían la importancia de estímulos agitadores para pensar. Emergieron pensamientos tales como que debería haber un camino para romper la tiranía del sistema del trabajo asalariado para el caso especial de los curados, apoyado en la solidaridad de los copacientes, o al menos para controlar y hacer retroceder las influencias de dominación que provienen de aquella ("control de pacientes"), a saber: las influencias de dominación por parte de empresarios, burócratas, colegas (competidores) y contactos personales, hasta tal punto que sea necesario para implementar y reforzar las exigencias vitales del individuo emancipado como criterio y patrón predominantes ("anarquismo dialéctico").

Lo cierto en eso era que bajo la tiranía del capitalismo es indudablemente y bajo toda circunstancia siempre "el paciente quien está en su derecho" (Laing). También era cierto que todo esto no tenía nada que ver con caridad ni altruismo ni mucho menos con conformismo, sino con liberación en el interés de la posibilidad-y-capacidad-de-poder-vivir y con el principio de que luchando por la libertad de los demás uno está extendiendo los límites de la propia libertad aproximadamente hasta el infinito (Bakunin). Incluso también la tendencia burguesa o mejor pequeño-burguesa, tan sospechosa respecto a su enfoque, a la emancipación paso a paso de los individuos singulares, había sido ciertamente y a fondo reflexionada y había acuerdo sobre el asumir la responsabilidad de ello, poniéndonos el gorro de bufón, autocríticamente, por así decirlo.

Aún no había sido reflexionado el concepto completo de la enfermedad. Todavía no existía tal concepto. Y no era ningún error, porque así prontamente la utopía terapia individual podía ser relacionada al embrionario concepto de la enfermedad, en particular a su momento autoapareamiento, y la utopía abstracta podía ser reemplazada por la tendencia a trabajar dialécticamente sobre el proceso de la enfermedad reunido y presente en el colectivo en sus efectos sobre la violencia alienada, a base de las experiencias cotidianas resultantes, y se podía desarrollar al menos un tipo de instinto colectivo para los nudos y puntos de conexiones [Knotenpunkte] en el proceso de la revolución [Umwaelzung].

Así las sobrevaloradas reacciones paranoicas [ueberwertig paranoischen Reaktionen], por ejemplo, por parte de la facultad médica y otros, incluyendo el ASTA (Comité General de Estudiantes), a nuestras interpretaciones sobre enfermedad no nos cogieron desprevenidos.

Es verdad que Marx ya en el Manifiesto Comunista ha mencionado explícitamente a la clase médica, precisamente donde reprocha al capitalismo el haber nivelado hasta la ridiculez más total el prestigio y la reputación de todas las ramas profesionales tan altamente apreciadas en el sistema feudal. Sin embargo, parece que el horror secreto de cada uno y cada una a la propia susceptibilidad a la enfermedad, cuando no los remanentes de los daños causados violentamente por la extensión e intensificación de la enfermedad misma, entretanto se han incrementado hasta tal punto que todos aquellos atavismos feudales, en suma, han incluso ganado prestigio y reputación, y eso únicamente gracias a la enfermedad.

Que tan solo pende de este hilo, del de la disposición general a asustarse de la enfermedad como el enemigo invisible en el propio interior y que por consiguiente ya las primeras tentativas de aclarar los verdaderos contextos e interrelaciones darían en el nervio de esta reputación, eso era de esperar.

También la propaganda terrorista de Streicher, Rosenberg y Goebbels en materia de las enfermedades hereditarias, deshonra racial [Rassenschande], el envenenamiento de la sangre y de la tierra sólo pueden haber debido su eficacia al momento violento específico del autoapareamiento en el concepto de la enfermedad. Por consiguiente, no es ningún milagro que la propaganda de la enfermedad cause efecto también en la dirección contraria, es decir: en función de la revolución. Y lo hace incluso en el medio racional de la dialéctica. Entonces un rumbo acertado, en oposición al rumbo fascista. Porque obliga al mismo tiempo a la violencia alienada y estructural a escindir de sí misma, precisamente a aquella parte que es un substituto de la especie, lo social pervertido, por así decirlo. Y una vez que ésta última ha sido externalizada, es extremadamente difícil que se retracte y se retire, porque ésta se injerta en la violencia alienada.

Y sus administradores no pueden retractarse sin olvidarse de sí mismos, es decir: sin caer fuera de su clase, la clase dominante. Pues entonces en ese momento ya no son sólo las conocidas sensaciones desasosegantes las que les sobrecogen. Ahora ellos están ofendidos y heridos por enfermedad [gekraenkt] en el sentido más fundamental y susceptibles de aterrorizarse a sí mismos (autoapareamiento).

Auténticas especificidades de la enfermedad se encontrarán por consiguiente también detrás de las líneas enemigas.

Esencialmente se trataba de ponerse de acuerdo sobre que estos resultados no tenían nada que ver con la conocida máxima de "vencer al enemigo con sus propias armas". Golpearle y derrotarle con la enfermedad, significa golpearle con un arma que para él, en su alienación, es la más extraña, la más inquietante y terrorífica arma [para funcionarios, jefes, ejecutivos y gerentes, en su alienación, enfermedad es un "espacio libre" ["Freiraum"] más, para los demás es la pérdida del trabajo forzoso en la libertad; en su tendencia es la más extrema determinación ajena que este sistema pueda ofrecer], siempre que sea él mismo quien esté forzado a dirigir este arma, que ningún médico le puede quitar y por la cual ningún médico le envidia, a dirigirla contra sí mismo y así forzándole a sentenciarse a sí mismo.

Y adicionalmente, la enfermedad externalizada también es el jaque mate de toda la ideología burguesa. Empuñar el arma del enemigo sería entonces sólo empuñar el vacío, por consiguiente desacertando el concepto de la enfermedad. Poner a este último sobre una base científica en términos de la ciencia burguesa no podía ser nuestro interés, porque en el ámbito de la ideología y de su crítica, las armas no son intercambiables. A diferencia del ámbito militar.

Aunque la auto-organización de los pacientes, en aquella temprana etapa, no tenía todavía conciencia del hecho de que las bases categoriales de toda ciencia empírica, desde la física hasta la parapsicología, desde Aristóteles y Descartes junto con su "... o ... o ..." (tertium non datur, una de dos, no hay un tercero) no son nada más que la locura por antonomasia contra la que la dialéctica inherente a la materia, como por ejemplo en el caso de la física como la ciencia más avanzada, se impone, aunque con dificultad, pero constantemente, – para ser a continuación, con el pretexto de la sistematización de los resultados, ser falsificada y acuñada por los filósofos burgueses en una especie de idiotez útil–, afirmando que la locura, que está reflejada en la contradicción excluida no de manera diferente a como lo está en el maniqueísmo de todas las instituciones capitalistas con la mercancía debajo de todo y el antagonismo de clases encima de todo, tiene su base y fundamento, no de otra manera que la clínicamente así llamada locura, en el corriente intercambio de equivalentes mediado por el dinero, que –estando tanto desapercibido como compulsivamente transcendental– está convirtiendo al mundo-común-a-todos en un estático cero y reemplazándolo por ese fantasma que es el Valor como la cosa de todos los negocios [aller Welt Ding] y recogiendo toda apropiación desmembrada, trozo a trozo, en la alienación, por un lado detrás de los muros de las clínicas y por otro lado en cajas fuertes; aunque todavía no se hubiera visto de una manera clara este anclaje de la ciencia en el intercambio de mercancías y en el tráfico de seres humanos, y aunque no se hubiera hecho la conexión entre enfermedad y ciencia burguesa, no había ninguna razón para seguir por ejemplo la recomendación de Lenin de poner la ciencia, sin cuestionarla, al servicio del bienestar público del proletariado.

La hostilidad del colectivo de pacientes contra la ciencia, de la cual fue acusado desde el lado estudiantil, una acusación persistentemente aplaudida desde el lado de la clase establecida, tiene por consiguiente sus raíces no en ese "anarquismo" que fue tenido por responsable de esa hostilidad (¿por qué diablos?).

Sino más bien por estar fundamentalmente afectados ellos mismos, los pacientes, incluso si aquellos quienes, siendo directamente víctimas como conejillos de indias de experimentos y tragándose los golpes de aquella ciencia, están por casualidad en el pellejo del omnipresente "Otro", cuyo destino supuesto le importa un comino.

Ciertos problemas en materia de la ciencia suscitó la psicología. No porque su rigor científico en gran medida esté en duda, lo que está completamente equivocado, porque ¿qué distingue realmente su estructura categorial y su aplicación civil-militar de cualquier otra ciencia? Respuesta: Nada en absoluto.

El interés particular de los pacientes, especialmente después de que numerosos estudiantes de psicología y psicólogos se unieron al colectivo, se incendiaba por el objeto de esta doctrina, la psique. Algunos consideraron esta doctrina (la psicología) completamente "idealista" debido a ese su substrato, apuntando sobre algo entre espiritualista y espiritista, y así consideraron haber concluido el asunto de una firme manera ortodoxa-materialista. Se mostró regularmente entonces que estaban muy imbuidos de esperanza en que la creación de una "psicología materialista" explicaría el misterio.

En el subsiguiente desarrollo se ha mostrado sorprendentemente correcto que en esta cuestión uno debe atenerse a la Biblia según la cual es precisamente el alma viviente en calidad de la cual fue creado el hombre, y ésta es lo que permanece de él cuando muere, con lo cual uno solamente tiene que imaginarse que este proceso, que conduce al alma viviente, comienza aproximadamente en los tiempos del origen del hombre, con su preparación de ser transformado, en forma de un tipo de mortalidad infantil universal, en precisamente aquella mercancía en calidad de la cual está pasando el resto de su existencia [Dasein] terrestre en el ciclo de producción y consumo: siendo respecto a todas sus posibilidades una vez y para siempre nada más que un hombre muerto, exactamente en calidad de alma viviente (!).

El concepto completo de la enfermedad:

1

{

Trabajo asalariado

Capitalismo

2

 

Proceso revolucionario

 

3

{

Autoapareamiento

Alienación

1 y 3 se relacionan el uno con el otro (en primer lugar) como antagonismos (confrontación) [Widerstreit].

1 y 3 son (en segundo lugar) –como trabajo asalariado / capital y como especie / alienación- dos antítesis contradictorias una contra la otra y al mismo tiempo idénticas ().

En el proceso revolucionario: 1 está recordado [er-innert] e interiorizado y debe ser recordado [er-innert] e interiorizado, 3 está externalizado y debe ser externalizado, es decir: 1 es vida rota, 3 es individuación de la especie.

A 1 pertenece el fetichismo de la mercancía, a 3 pertenece la "medicina militar" ["Wehrmedizin"], la medicina es fundamentalmente militarismo agresivo.

En la sistemática universal del concepto ("identidad de la identidad y la diferencia") 1 corresponde a la identidad, 3 a la diferencia, 2 a la identidad de 1 y 3.

La vida del concepto es el continuo y constante estar-uno-contra-el-otro de los 3 momentos y del estar-uno-con-el-otro de los lados.

"El frenesí báquico en el cual no hay ningún miembro que no esté embriagado". 5 elementos, porque los momentos de la identidad y la diferencia están duplicados empíricamente de manera tanto funcional como estructural.

1 corresponde a la diferencia ("pequeño fetiche, ponte a ti mismo"),

3 corresponde a la identidad ("en la alienación como en su casa").

A 2 pertenece la individuación de 3, y la particularización de 1 como práctica.

La comprensión no se refiere a asuntos, ni a sus reflejos (emociones, sentimientos, percepciones sensoriales, pensamientos), sino la materialidad del concepto es la contradicción, procesando asimétricamente y nunca "mudándose (el plumaje al convertirse) en la lógica del equilibrio" [nie zur "Logik des Gleichgewichts gemausert"] .

Lo que relaciona capitalismo y enfermedad, es el autoapareamiento ("por sí mismo").

Lo correspondiente para el trabajo asalariado y enfermedad por un lado, alienación por otro lado.

Proceso revolucionario: individuación en vez de 1, y arma, violencia en vez de 3.

 

VIII ’75, 714, Z235
(8/1975, Código Postal 714, Celda de la prisión 235)
Huber

Nota 2006:
Peter Brueckner me instó a poner esto por escrito antes de que Pestl le asesinara.

Huber

Traducción:
PF/SPK EMF Colombia
PF/SPK EMF Espa

Redacción final: Huber
                             KRANKHEIT IM RECHT

13.08.2012