NÚMEROS

NÚMEROS Y SUPERNUMERARIOS

Prólogo a la traducción:

El texto siguiente retira a toda ciencia y tecnología toda base y validez para siempre. Para la conciencia que se basa en la enfermedad y por eso está capacitada para ser elevada a voluntad a cualquier potencia, abre este texto por primera vez la vista a un mundo nunca visto y que tienen todos en común, la vista a la posibilidad nunca vista así de un mundo que tienen todos en común. No se trata sólo del eje, del polo fijo y de la razón justificativa alrededor del cual giran todas nuestras publicaciones (todas ellas consecuencia de nuestras actividades), sino también todos los cambios futuros, inclusive los revolucionarios, tienen en ello el criterio firme de su objetivo.

Esto debe saber quien lea esto. Nosotros lo hemos escrito para no olvidarlo.
 

Nota de los traductores
Reid Aldeapzoli Loev, Mag. phil., y
P. Hogernig, Dipl.-Soc. y químico,
PF/SPK EMF español  
"El que domina a la sanidad, domina a la población". ¿Quién es el que domina entonces según Lenin? La clase médica. Es de la clase médica de quien parte todo poder político. Quien utiliza esta cita de Lenin es normalmente médico y argumenta en contra del "comunismo" y a favor de "la salud de sus pacientes". Pero es cierto que ni Lenin ni nadie jamás dominó a los médicos ni mucho menos a la sanidad. A no ser a la población. Y también a ésta solamente siguiendo la estela de los médicos. La última batalla de Lenin después de decenios de noches de insomnio culminó en amenazas de boicoteo contra sus bien intencionados médicos de cabecera. Nada más. ¿Pero quién nos puede impedir el ver en esto ya hoy su primer y único acto fundamentalmente revolucionario (erste und einzige, von Grund auf revolutionaere Tat)?

Stalin, en un principio un fervoroso dios médico mosaico ("Porque Yo soy el Señor, tu médico", Éxodo 15, 26), había hecho definir y liquidar por estalinistas de toda categoría, durante decenios de años de trabajo minucioso, a toda clase de gente como portadores de enfermedad. Porque la enfermedad, contagiosa como es, pide, como dijó, una sanación rapidísima y sanísima, y en efecto la sanación pide víctimas, decían. Muchas y del más alto rango. Pero cuando alrededor del año 1950 empezó uno de sus temidos ataques de descarga en propia causa contra los "asesinos cosmopolíticos en batas médicas" (el así llamado affaire médico), fracasó tan profunda y definitivamente como nunca antes.

Se dice que durante más de tres años ha hecho todo lo imaginable para su salud y hecho sus solitarios políticos (seine politische Patiencen legen) con tanto empeño como siempre. Se dice que aún así murió mucho antes de tiempo. - Por mano humana, deja entrever algún que otro cronista.

¡Con discreción iatrófila, - se sobreentiende!

El haber atacado a la sanidad como dominio político en su sentido absoluto, ese mérito lo atribuímos a Lenin. Por el contrario a Stalin le fue permitido encarnar al aparato sanitario solamente en tanto que los médicos le dejaron sus carnes. Más tarde lo han aplicado sólo en forma de las clínicas de SERBSKY. Se dice que, como en instituciones comparables en otros sitios, también allí el así llamado Haloperidol sabe igual a política sanitaria, y el cáncer hace los mismos pasos retrógrados.

A diferencia de Stalin, Hitler nunca necesitó estar activo él mismo en la política sanitaria. Apenas sentado en la silla, sus ayudantes médicos internacionales que le ayudaron a montar, le dejaron en su tan amado oficio de la guerra, que es el inseparable proveedor ancestral de aquéllos. Por su parte aquéllos se dedicaron tranquilamente y sin ser molestados, de forma privatísima y no pocas veces hasta gratuitamente, al dominio autocrático: primero sobre los pacientes y el género (Geschlecht) y luego sobre la población y el dictador. Esto les acercaba bastante a su meta de cimentar la sanidad milenaria a prueba de crisis y de revoluciones en la población y en la política de una manera ilimitadamente ampliable. A pesar de todos los tribunales de Nuremberg y de Russell.

La norma de salud, de la relación arcaica entre acreedor y deudor y de la forma monetaria puede estar modificada como sea, política, económica e ideológica, étnica, histórica y socialmente. El muescarla como tal mediante adaptación forzosa en todo cerebro, todo corazón y toda hormona y sea a través del homicidio y en el futuro más próximo a través de la fabricación del hombre a medida, es y sigue siendo una creación médica lo que es tan evidente como un secreto bien guardado. Y eso desde la biología hasta el factor Psy.

El ataque contra todo lo médico es la conditio sine qua non de toda subversión y la vía regia al inconsciente de salud y de dinero. Negociando manejado salta a la vista (handelnd-behandelt liegt es auf der Hand). Pero la patopráctica no le hace caso (aber die Pathopraktik schlaegt es in den Wind).

Todo el que lleva monedas en su bolsillo y entiende su uso práctico tiene que tener en su cabeza abstracciones conceptuales muy determinadas, sea conciente de ello o no, porque trata a estas monedas de hecho como si tuvieran una realidad material invariable. Las abstracciones que no existen en otro sitio más que en el pensar no tienen su origen (Ur-sprung) en la actividad del pensar, sino exclusivamente en la actividad del intercambio mediada por el dinero. Se parecen más a la práctica médica que a la patopráctica. Que los conceptos abstractos puros no tienen precisamente el pensar como autor (Urheber) sino que vienen de alguna manera de "fuera", es el tema repetitivo (durchgaengiges Leitthema) de la historia de la filosofía occidental: Parménides recibió de Dike, la diosa del derecho y la verdad, la iluminación del concepto que para él significaba el Ser; Platón no supo ayudarse de otra manera y atribuía los conceptos a una rememorización a través de una metempsicosis (transmigración del alma); para Kant los formas fundamentales del intuir y las categorías toman la forma de una preformación que precede a toda experiencia.

La equiparación del poseedor de la mercancía con un número determinado de unidades monetarias, una equiparación que sucede en cada actividad de intercambio, constituye "la fuerza divina" (Karl Marx) del dinero: el dinero se convierte en el poder real sobre todo y todos - "el dinero es la verdadera moneda fraccionaria al igual que es el verdadero medio de unión, la fuerza galvano-química de la sociedad" (Karl Marx). Lo que es para el poseedor de mercancías a través del dinero, lo que puede comprar con su dinero, eso es él mismo: el número imaginado de unidades monetarias corresponde a la persona (persona = máscara, de personare = sonar a través). Lo que suena ahí no es la fuerza de la enfermedad sino el eco inconscientemente loco, y de muchas formas reforzado, del negocio monetario.

En la relación de intercambio el producto de uno es el arma para apoderarse del producto del otro, estratagema de la pacificación (Befriedung) reputada y tristemente célebre.

Satisfacción (Befriedigung), ésta sería el revolucionario cumplimiento sin deseos dentro de la enfermedad. Pero el valor, la relación de reciprocidad entre poseedores de mercancías, está vinculado en nueve décimas partes con la "salud", el valor inflacionario de todos los valores. La salud es la omnipresente desaparición frenada por el deseo. El contenido del deseo es - ¡maldita la gracia! - la enfermedad (Wunschinhalt ist -verwuenscht!- die Krankheit). La salud sigue siendo la FALTA (FEHLER) por antonomasia, el falo (Fallus), el caso clínico (Fall), la trampa médica (Falle). Pero mientras tanto los poseedores de mercancías consideran su propio producto correspondiente como el poder sobre el otro y sobre sí mismos, es decir su propio producto se ha levantado de pies contra ellos (también según Karl Marx). Pero lo que cuenta al final es la salud -, el tacto médico se convierte también para el oído más creyente en lo que era ya desde siempre: una cuenta atrás (count-down) mortalmente segura.

En el punto inestable del salto mortal de la producción hacia la destrucción se mete el estratega pacificador de toda política, el salvador (Heils-Bringer) de todo dominio como "médico divino" (Kerényi) en el campo visual patopráctico. Sea como curandero, chamán o médico-sacerdote o cualquier otro médico especialista en la muerte, siempre estaban y están presentes si se trata de falsificar, difamar y usurpar la resistencia -, una resistencia que es liberación de y desencadenamiento de la enfermedad contra la violencia de la naturaleza potenciada socialmente. - El "otro" que amputa el objetivo del cumplimiento revolucionario de la enfermedad para sustraerse de su propia supernumerariedad, de su propio estar de más (Ueberzaehligsein) es el iatrócrata. En el nombre de la "salud". Él constituye la matriz de toda política de deseo y economía de beneficio. Y ellos saben lo que hacen.

Así a mediados del siglo XVIII, los "locos", antes de que les fuera dado el alta, tenían que firmar el reverso siguiente (= el reverso de la moneda, obligación por escrito): "Yo el que suscribe, me obligo con esto en el nombre de la verdad eterna, tan verdadera que Dios se apiade de mi alma, que después de mi liberación del hasta ahora arresto, no quiera vengarme de nadie."

Igualado a su valor [antiguamente tributos en forma de ofrendas y sacrificios, hoy día cargas sociales y volante médico como valor (Wertpapier)], el enfermo está entregado totalmente: al producto artificial que es el modelo de la salud, a este producto médico y artefacto por antonomasia. Así lo quiere la iatrarquía (Heilsgewalt, Iatrarchie): "Los médicos aprenden a costa de nuestro riesgo, experimentan y asesinan con impunidad soberana, verdaderamente el médico es el único al que le es permitido asesinar." Este hecho puesto por escrito por Plinio Segundo hace mil novecientos años, y según sepamos en los tiempos recientes únicamente Bluechel e Illich todavía no han vuelto a pertenecer a los que echan tierra a este asunto que tiene desde hace tiempos arqu(e)aicos un final mortal (el anatomista alejandrino Herófilos viviseccionó a criminales y esclavos condenados a muerte) - este hecho no solamente indica que la clase médica puede ejercer su oficio bélico y su monopolio de asesinato sólo con el aplauso de la mayoría. Porque en el mundo de la escasez cada uno es el otro, el contra-hombre.

Pero sólo el desarrollado estado social y democrático de bienestar se desenmascarará por completo como dominio verdadero del poder médico. Toda democracia es al fin y al cabo iatrodemocracia (democracia médica), el monopolio médico de asesinato erigido en soberanía popular. Siempre domina lo sano. Y el sentir popular sano es tan rápido como sano.

El asunto ya familiar a Plinio Segundo nos informa también de que el médico no catastra sólamente la sustancia inalienable de la mercancía fuerza de trabajo que es el cuerpo, sino que vivisecciona y cartografía también el pensar y el sentir a la manera de un estado mayor.

El "alma del dinero que todos los miembros de las producciones y los movimientos de la sociedad burguesa llevan en sí" (Karl Marx) se da a conocer con eso sobre todo como programado por el poder médico (es decir: iatrárquicamente). No es el paciente el que es cibernético, sino el médico mediante el alma del dinero.

Con desenvoltura y con cinismo más bien capital la clase médica ostenta su pretensión omnipotente ya en el culto antiguo de Esculapio como culto estatal número uno y hace circular su función social-sintética de programación y dirección: A cada moneda hace fundir - qué maravilla de terror preventivo - su señal cainita: la vara de Esculapio. El origen y la función de la señal cainita son conocidos: "Que nadie que le encuentre le mate" (Génesis 4, versículo 15). Hoy en día experimenta, escudada detrás del grado cuatro de seguridad en los laboratorios biotécnicos, con el código genético. Quien estorba a los médicos arriesga incluso la catástrofe cósmica.

La función social-sintética del dinero (Sohn-Rethel (1)) es entonces el mimetismo y la consecuencia de la del médico: para protegerse de la enfermedad que constata el médico como supernumerariedad, uno va a éste y paga en moneda contante y sonante (regalos, ofrendas y sacrificios en forma de impuestos, cargas sociales). Si Karl Marx localiza el origen del "sujeto teórico" (alma, psique, subjetividad) en la separación económica entre la función del dinero y el material del dinero y con ello en la igualación del hombre con el dinero, entonces esto es solamente una cara, es decir, la cara económica. La otra cara, que es desde el punto de vista sociopolítico el momento en primer lugar impulsivo y al fin y al cabo decisivo, arraiga en la igualación del ser humano con la "salud" significada medicínicamente, es decir en la otreidad (Andersheit) determinada iatrocráticamente. Racismo es el nombre encubierto utilizado con preferencia para esta otreidad con el cual el médico escurre el bulto encogiéndose de hombros y con el cual el "hombre políticamente culto" encubre el actuar asesino del que tiene el monopolio de asesinato, - del buen papá doctor. Todo racismo es iatroracismo (racismo médico).

  1. Alfred Sohn-Rethel fue el primero y único que ha terminado con la insuficiencia de la teoría marxista con respecto a las ciencias naturales ("Trabajo corporal e intelectual"). Viviendo todavía (14.12.1985) ha confirmado totalmente como correcta y apropiada nuestra aplicación a la enfermedad de sus conocimientos descubridores. En una publicación del PF/SPK, repartida desde el año 1998 en Austria, se han aprovechado y aplicado ejemplarmente los argumentos y contextos elaborados en el texto presente. Aquella publicación ha puesto término para siempre a todo intento de superar el pasado con los medios de la ciencia al uso (véase: Fortísimo por Enfermedad, pág. 18).
Nota de Huber
Las dos caras están reconciliadas maravillosamente en el "concepto" dominante de la enfermedad como el término medio que les une: "Enfermedad.... es un estado corporal o mental irregular cuyo comienzo tiene como consecuencia la necesidad de un tratamiento curativo - solo o vinculado con incapacidad laboral - o la incapacidad laboral" (Alto Tribunal Administrativo prusiano del 10 de octubre de 1889, confirmado en un juicio del Tribunal Federal de la Seguridad Social del 16 de mayo de 1972).

Los médicos - si se les toma en consideración a título de ensayo una vez como la clase improductiva por antonomasia - tratan de salvarse de su propia aniquilación al definir, al seleccionar y al administrar ellos mismos a los supernumerarios "improductivos" (higiene racial, vida indigna de ser vivida). Un proyecto de ley acerca del exterminio de vida, presentado en 1940 por los médicos por encima y detrás de Hitler, hizo hincapié en el criterio principal "capacidad para el trabajo productivo". Y al resto, que está contento de haberse escapado una vez más, le aplican al mismo palo con la esperanza de "asistencia médica" y a través del "idealismo terapéutico" fingido (ya al jefe de las SS Heinrich Himmler le gustaba apasionarse a menudo por él). Y el palo equivale aquí a salud, a valor, a deseo, a falo (Fallus), a caso clínico (Fall), a trampa (Falle), en una palabra: a falta (Fehler) en general.

Tal cosa tiene que haberse imaginado por lo demás el viejo escéptico Descartes cuando, habiéndosele "prohibido el ejercer la profesión" y censurado políticamente, ponía sobre las nubes al arte médico como panacea e hizo como si pusiera exactamente en ello solo toda su esperanza en un perfeccionamiento futuro del género humano.

La manifestación capitalista del imperialismo hacia el interior dirigido por los médicos, produciendo ilotas (del griego hailotes = prisioneros, esclavos estatales en la Esparta antigua) en el propio país y definiéndolos médicamente, apareció por primera vez en suelo alemán apenas un siglo antes: la iatrocracia como "policía médica" (medicinische Polizey, Rau, Baldinger, Frank) declaraba su competencia ya en aquel entonces no sólo para "la seguridad interior del estado" (J. P. Frank) sino todavía más para el factor "fuerza humana de trabajo" redescubierto de nuevo por el cameralismo de aquel entonces. - La "política sanitaria" moderna y los programas de la "conservación de la salud de la población" tienen aquí su punto de partida tan médico como iatrárquico.

Como es tan palmario, entra con tanta dificultad en las cabezas: que la salud es la primera y última razón justificativa de todo poder médico (Heilsgewalt), más allá y por encima de la ideología y la cultura, la producción y la política.

Como punto de cristalización en el sistema regulativo de las finalidades (Kant), utilidad pura y libertad absoluta en el sistema de desgarramiento, consistente en el dinero y la lengua, el sistema de la muerte más trivial y más fría (Hegel), el poder médico (iatrarquía, Heilsgewalt) no necesita catalizadores ni ideológicos ni de cualquier otra clase para pasar de la latencia subliminal del monopolio médico de asesinato a la virulencia del exterminio masivo. Porque para la salud hacen todo, el pueblo y el siervo y el vencedor ...

Cuando sirve a la salud los médicos pueden indultar a sus presos matándoles: siendo niños para arrancarles la cabellera (Auschwitz), siendo asesinados por suicidio para difamarles (todo eso formaba y forma parte de la acción "Gnadentod" (eutanasia = eutaNAZI) ). Cuando sirve a la salud millones están disponibles como conejos de Indias hasta que se cumpla la cuota prevista, y a quien le toca "por casualidad" piensa primeramente en su salud, en su vida cálida, en su imagen y pregunta: "¿Por qué exactamente yo?". Y otra vez en su salud, cuando decide silenciosamente: "Muere tú hoy, pero yo sólo mañana". Todo ello sabidurías del Gulag. ¿Pero qué disidente del este, qué disidente del oeste practica ya desde el principio desdén hacia la salud?

Como sirve a la salud existe la nueva campaña de eutanasia. Por entre todos los medios de comunicación, todas las direcciones políticas, todas las edades, toda la población y las clases, pasa el compromiso en pro y en contra. ¿Porque qué grupo involucrado en asuntos socialpolíticos y sea tan izquierdista que sea no tiene firmemente sus pies en el suelo de la salud? Ya en 1968 Herbert Marcuse ha anatemizado y proscrito social-profilácticamente a todo izquierdista en el caso de que se atreviera a oponerse a una mejoría de la sanidad. Solamente los maquinadores médicos, ejemplarmente aquéllos en las clínicas de reforma, en las federaciones para la salud mental (World Federation for Mental Health, WFMH) y la psiquiatría social, quieren quedarse en el fondo. Si éstos dicen salud, quieren decir eutanasia masiva medicínica por conveniencia y por razones de utilidad. Con precisión a modo de una máquina, como veremos muy pronto, en éstos está excluído todo error.

Porque salud es, siguiendo la "lógica de la vida" como la refleja François Jakob para ciertos círculos rizomáticos molecular revolucionarios, el producto de la máquina calculadora consistente en proteínas y genes. Esta salud de la máquina calculadora puede leer el alfabeto morse genético. Y puede contar. Naturalmente sólo hasta dos. Y así debe continuar. Porque donde ella se equivoca hay error. ¡La enfermedad un error dentro de la informática genética! Nada más. Pero según esta máquina, forma parte del programa de salud cimentado genéticamente el que cada error desea su eliminación y cada refunfuñador de la salud por consiguiente su extinción. Ahora la salud ya no cae bajo los valores más altos los que busca la óptica enferma puesta en broma con Nietzsche, los epígonos nietzscheanos y todo lo demás. La salud es la máquina calculadora de todo lo muerto deseable, la máquina calculadora de todos los deseos de muerte, en una palabra: máquina de deseo por antonomasia.

El texto presente fue publicado en Italia por primera vez en la revista italiana CONTROinformazione Nº 18 (junio de 1980), Milán.

Esta reelaboración de uno de nuestros textos del SPK la hemos escogido como exposición contra el "Congreso de Disidentes" del Collettivo Freudiano, más tarde "Movimento Freudiano Internazionale MFI"

(Movimiento Internacional Psicoanalítico) en el año 1978 en París.

Como Pacientes de Frente no podíamos hacernos amigos ni de la variante rusa de la disidencia que busca su salvación (Heil) en el médico, ni del inconsciente de cuño occidental que busca su salvación (Heil) en la disidencia.

  Sobre el congreso de Verdiglione se publicó un informe detallado en L'ESPRESSO bajo el título "El revólver esquizofrénico" (febrero de 1978). El dichoso revólver se nos atribuyó a nosotros. Esto con el propósito de silenciar mortalmente nuestra conferencia impactante "Números y Supernumerarios" (véase arriba), que pronunciamos en el congreso. La "esquizofrenia" no es un revólver. La esquizofrenia es una cosa, un revólver (rodar hacia atrás) es otra cosa. Porque siendo la escritura la que perpetúa el morir hasta la eternidad (A. Verdiglione), entonces la "esquizofrenia" debe haber dictado a la pluma en el intento de silenciar mortalmente a los pacientes y a la enfermedad, asimismo según Verdiglione, también concerniente a L'ESPRESSO. Dentro del paisaje político del congreso nuestro tema "Numeros y Supernumerarios" no convenía en absoluto, en 1978, a su dirección alrededor de A. Verdiglione, en aquel entonces todavía partidario de Craxi y más tarde juzgado debido a una campaña denunciatoria de pura envidia y rivalidad pecuniarias, urdida por comunistas alrededor de Basaglia con y sin revólver esquizofrénico. Estos fueron los pretextos por los que "Números y Supernumerarios", nuestra conferencia en el congreso, no fue publicada en las actas del citado congreso. Él quería encargarse del tema en una propia ponencia, ha añadido posteriormente. Si esta ponencia hubiera sido dada alguna vez y si lo hubiera presentado también por escrito, de esto podría convencerse el mismo lector dispuesto si estuviera más "afortunado" (fuendiger) que nosotros.  
En Roma se publicó en 1996 el libro "Il Tempo Imperfetto. Dispositivi critici nelli anni de la restaurazione (1980-1995)" ("El tiempo no pasado/imperfecto. Dispositivos críticos en los años de la restauración 1980-1995"). En este libro el entre tanto fallecido Claudio Mutini (1935-1999), antiguo docente en la Facultad de Filosofía de la universidad de Roma, autor de varios libros, fundador y editor de dos revistas culturales-políticas de alto nivel científico y colaborador de otras revistas, - en este libro Claudio Mutini investiga junto con Giorgio Patrizi, a través de un examen crítico, las corrientes teóricas y políticas de la Europa Occidental de los años 80 y 90. En el capítulo "Rilettura e proposte della teoria radicale" ("Relectura y propuestas de la teoría radical") empieza con una cita del COLECTIVO SOCIALISTA DE PACIENTES / FRENTE DE PACIENTES en una revista italiana del año 1980 para poner de manifiesto en lo que sigue mediante esta cita que el llamado "riflusso", el reflujo reaccionario en las corrientes políticas y teóricas de los años 80 y 90 de la Europa Occidental, se explica por el desarrollo neoliberal del capitalismo de aquellos años. Con referencia a Walter Benjamin, Guy Debord, Th.W. Adorno, Baltasar Gracián, Ludwig Feuerbach, Karl Marx y Francis Fukuyama destaca aquí y en los capítulos siguientes al SPK y al FRENTE DE PACIENTES como los únicos que no han consumado este reflujo en la Europa Occidental de los años 80 y 90 y que el SPK y el FRENTE DE PACIENTES son de importancia decisiva para el desarrollo de la teoría y la práctica revolucionarias en la Europa de hoy día.

P. Hogernig, Dipl.-Soc. y químico,
redacción final: Huber
1978

Redacción final: Huber
                             KRANKHEIT IM RECHT